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Una Pena en Observacion - Softcover

Lewis, C. S.

 
9780061140075: Una Pena en Observacion

Inhaltsangabe

Escrito tras la trágica muerte de su amada esposa como una manera de sobrevivir los “difíciles momentos de la medianoche”, Una Pena en Observación relata los más sinceros pensamientos de C. S. Lewis sobre los temas fundamentales de la vida, la muerte y la fe al sufrir una pérdida.

Esta obra es un lindo y resuelto testamento de cómo hasta un creyente incondicional puede perder el sentido de la vida, y de cómo puede gradualmente orientarse de nuevo Escrito tras la trágica muerte de su amada esposa como una manera de sobrevivir los “difíciles momentos de la medianoche”, Una Pena en Observación relata los más sinceros pensamientos de C. S. Lewis sobre los temas fundamentales de la vida, la muerte y la fe al sufrir una pérdida. Esta obra contiene sus más íntimas reflexiones sobre esa etapa de su vida.

Written after his wife's tragic death as a way of surviving the ""mad midnight moment,"" A Grief Observed is C.S. Lewis's honest reflection on the fundamental issues of life, death, and faith in the midst of loss.

This work contains his concise, genuine reflections on that period: ""Nothing will shake a man -- or at any rate a man like me -- out of his merely verbal thinking and his merely notional beliefs. He has to be knocked silly before he comes to his senses. Only torture will bring out the truth. Only under torture does he discover it himself."" This is a beautiful and unflinchingly honest record of how even a stalwart believer can lose all sense of meaning in the universe, and how he can gradually regain his bearings.

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Über die Autorin bzw. den Autor

Clive Staples Lewis (1898–1963) was one of the intellectual giants of the twentieth century and arguably one of the most influential writers of his day. He was a Fellow and Tutor in English Literature at Oxford University until 1954, when he was unanimously elected to the Chair of Medieval and Renaissance Literature at Cambridge University, a position he held until his retirement. He wrote more than thirty books, allowing him to reach a vast audience, and his works continue to attract thousands of new readers every year. His most distinguished and popular accomplishments include Out of the Silent Planet, The Great Divorce, The Screwtape Letters, and the universally acknowledged classics in The Chronicles of Narnia. To date, the Narnia books have sold over 100 million copies and have been transformed into three major motion pictures.

Von der hinteren Coverseite

Esta obra es un lindo y resuelto testamento de cómo hasta un creyente incondicional puede perder el sentido de la vida, y de cómo puede gradualmente orientarse de nuevo

Escrito tras la trágica muerte de su amada esposa como una ma-nera de sobrevivir los “difíciles momentos de la medianoche”, Una Pena en Observación relata los más sinceros pensamientos deC. S. Lewis sobre los temas fundamentales de la vida, la muerte y la fe al sufrir una pérdida. Esta obra contiene sus más íntimas re-flexiones sobre esa etapa de su vida.

Auszug. © Genehmigter Nachdruck. Alle Rechte vorbehalten.

Una Pena en Observacion

By C. Lewis

HarperCollins Publishers, Inc.

Copyright © 2006 C. Lewis
All right reserved.

ISBN: 0061140074

Capítulo Uno

Nadie me había dicho nunca que la pena se viviese como miedo. Yo no es que esté asustado, pero la sensación es la misma que cuando lo estoy. El mismo mariposeo en el estómago, la misma inquietud, los bostezos. Aguanto y trago saliva.

Otras veces es como si estuviera medio borracho o conmocionado. Hay una especie de manta invisible entre el mundo y yo. Me cuesta mucho trabajo enterarme de lo que me dicen los demás. Tiene tan poco interés. Y sin embargo quiero tener gente a mi alrededor. Me espantan los ratos en que la casa se queda vacía. Lo único que querría es que hablaran ellos unos con otros, que no se dirigieran a mí.

Hay momentos en que, de la forma más inesperada, algo en mi interior pugna por convencerme de que no me afecta mucho, de que no es para tanto, al fin y al cabo. El amor no lo es todo en la vida de un hombre. Yo, antes de conocer a H., era feliz. Era muy rico en lo que la gente llama «recursos». A todo el mundo le pasan estas cosas. Vamos, que no lo estoy llevando tan mal. Le avergüenza a uno prestar oídos a esa voz, pero por unos momentos da la impresión de que está abogando por una causa justa. Luego sobreviene una repentina cuchillada de memoria al rojo vivo y todo ese «sentido común» se desvanece como una hormiga en la boca de un horno.

Y de rechazo cae uno en las lágrimas y en el pathos. Lágrimas sensibleras. Casi prefiero los ratos de agonía, que son por lo menos limpios y decentes. Pero el asqueroso, dulzarrón y pringoso placer de ceder a revolcarse en un baño de autocompasión, eso es algo que me nausea. Y, es más, cuando caigo en ello, me doy cuenta de que me lleva a tergiversar la imagen misma de H. En cuanto le doy alas a este humor, al poco rato la mujer de carne y hueso viene sustituida por una simple muñeca sobre la que lloriqueo. Gracias a Dios, el recuerdo de ella es todavía lo suficientemente fuerte (¿lo seguirá siendo siempre tanto?) como para salir adelante.

Porque H. no era así en absoluto. Su pensamiento era ágil, rápido y musculoso, como un leopardo. Ni la pasión ni la ternura ni el dolor eran capaces de hacerle bajar la guardia. Olfateaba la falsedad yla gazmoñería a la primera vaharada, e inmediatamente se abalanzaba sobre ti y te derribaba antes de que hubieras podido darte cuenta de lo que estaba pasando. ¡Cuántos globos me pinchó! Enseguida aprendí a no darle gato por liebre con mis palabras, excepto cuando lo hacía por el simple gusto -- y ésta es otra cuchillada al rojo vivo -- de exponerme a que se burlara de mí. Nunca he sido menos estúpido que como amante suyo.

Y nadie me habló nunca tampoco de la desidia que inyecta la pena. No siendo en mi trabajo - -- que ahí la máquina parece correr más aprisa que nunca -- aborrezco hacer el menor esfuerzo. No sólo escribir sino incluso leer una carta se me convierte en un exceso. Hasta afeitarme. ¿Qué importa ya que mi mejilla esté áspera o suave? Dicen que un hombre desgraciado necesita distraerse, hacer algo que lo saque de sí mismo. Lo necesitará, en todo caso, como podría echar de menos un hombre aperreadamente cansado una manta más cuando la noche está muy fría; seguro que este hombre preferiría quedarse tumbado dando diente con diente antes que levantarse a buscarla. Es fácil de entender que la gente solitaria se vuelva poco aseada, y acabe siendo sucia y dando asco.

Y, en el entretanto, ¿Dios dónde se ha metido? Éste es uno de los síntomas más inquietantes. Cuando eres feliz, tan feliz que no tienes la sensación de necesitar a Dios para nada, tan feliz que te ves tentado a recibir sus llamadas sobre ti como una interrupción, si acaso recapacitas y te vuelves a Él con gratitud y reconocimiento, entonces te recibirá con los brazos abiertos - -- o al menos así es como lo vive uno. Pero vete hacia Él cuando tu necesidad es desesperada, cuando cualquier otra ayuda te ha resultado vana, ¿y con qué te encuentras? Con una puerta que te cierran en las narices, con un ruido de cerrojos, un cerrojazo de doble vuelta en el interior. Y después de esto, el silencio. Más vale no insistir, dejarlo. Cuanto más esperes, mayor énfasis adquirirá el silencio, No hay luces en las ventanas. Debe tratarse de una casa vacía. ¿Estuvo habitada alguna vez? Eso parecía en tiempos. Y aquella impresión era tan fuerte como la de ahora. ¿Qué puede significar esto? ¿Por qué es Dios un jefe tan omnipresente en nuestras etapas de prosperidad, y tan ausente como apoyo en las rachas de catástrofe?

He intentado exponerle esta tarde a C. algunas de estas reflexiones. Él me ha recordado que lo mismo, según parece, le ocurrió a Jesucristo. «Por qué me has abandonado?» Ya lo sé. Y qué? ¿Se consigue con eso que las cosas se vuelvan más fáciles de entender?

No es que yo corra demasiado peligro de dejar de creer en Dios, o por lo menos no me lo parece. El verdadero peligro está en empezar a pensar tan horriblemente mal de Él. La conclusión a que temo llegar no es la de: «Así que no hay Dios, a fin de cuentas», sino la de: «De manera que así es como era Dios en realidad. No te sigas engañando.»

Nuestros mayores se resignaban y decían: «Hágase tu voluntad.» ¿Cuántas veces no habrá la gente sofocado por puro terror un amargo resentimiento, y no se habrá sacado de la manga un acto de amor (sí, un acto, en todos los sentidos) para camuflar la operación?

Claro que resulta muy fácil decir que Dios parece estar ausente en nuestras necesidades más graves porque Él es ausencia, no-existencia. Pero entonces, ¿qué pasa?, ¿por qué se nos antoja tan presente cuando, para hablar en plata, no le echamos de menos?



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Excerpted from Una Pena en Observacionby C. Lewis Copyright © 2006 by C. Lewis. Excerpted by permission.
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