La Pirámide Roja: Las Crónicas de Kane, Libro 1 (Las cronicas de Kane / The Kane Chronicles) - Softcover

Buch 1 von 4: Las cronicas de los Kane

Riordan, Rick

 
9780307745224: La Pirámide Roja: Las Crónicas de Kane, Libro 1 (Las cronicas de Kane / The Kane Chronicles)

Inhaltsangabe

Egyptologist Dr. Julius Kane accidentally unleashes the Egyptian god Set, who banishes the doctor to oblivion and forces his two children to embark on a dangerous journey to save him.

Die Inhaltsangabe kann sich auf eine andere Ausgabe dieses Titels beziehen.

Über die Autorin bzw. den Autor

Rick Riordan es el autor de la serie de libros para niños Percy Jackson, bestseller número uno de The New York Times, así como la galardonada serie de misterio Tres Navarre para adultos. Durante quince años, Riordan enseñó inglés e historia en escuelas secundarias en San Francisco y Texas. Actualmente vive en San Antonio con su esposa y sus hijos.

Auszug. © Genehmigter Nachdruck. Alle Rechte vorbehalten.

1. Una muerte en la Aguja
 
Tenemos solo unas pocas horas, así que escucha con atención. Si estás oyendo esta historia, ya corres peligro. Sadie y yo podríamos ser tu única esperanza.
 
Ve a la escuela. Busca la taquilla. No voy a decirte qué escuela ni cuál es la taquilla, porque, si eres la persona adecuada, la encontrarás. La combinación es 13-32-33. Cuando termines de escuchar esto, sabrás lo que significan esos números. No olvides que la historia que vamos a contarte todavía no está acabada. Su final depende de ti.
 
Lo más importante de todo: cuando abras el paquete y encuentres lo que contiene, no te lo quedes más de una semana, pase lo que pase. Te será difícil deshacerte de él, eso seguro. Al fin y al cabo, te proporcionará un poder casi ilimitado. Pero, si lo conservas demasiado tiempo, te consumirá. Aprende sus secretos rápidamente y pásaselo al siguiente. Ocúltalo para la siguiente persona, del mismo modo que hemos hecho Sadie y yo para ti. A partir de ese momento, prepárate para que tu vida se vuelva muy, muy interesante.
 
Vale, me dice Sadie que deje de andarme por las ramas y me ponga con la historia. Bien. Supongo que todo empezó en Londres, la noche en que nuestro padre hizo explotar el Museo Británico.
 
 
Me llamo Carter Kane. Tengo catorce años de edad y mi hogar es una maleta.
 
¿Crees que estoy de broma? Desde que tenía ocho años, mi padre y yo estuvimos viajando por el mundo. Nací en Los Ángeles, pero mi padre es arqueólogo y su trabajo le obliga a moverse por todas partes. Vamos sobre todo a Egipto, ya que es su especialidad. Si vas a una librería y buscas algún libro sobre Egipto, hay bastantes probabilidades de que esté escrito por el doctor Julius Kane. ¿Quieres saber cómo sacaban los cerebros de las momias, o cómo construyeron las pirámides, o cómo maldijeron la tumba del rey Tut? Pregúntale a él. Por supuesto, mi padre tenía otras razones para moverse tanto por el mundo, pero entonces yo aún no conocía su secreto.
 
No fui al colegio. Mi padre me enseñaba en casa, si se puede llamar a algo enseñanza «en casa» cuando no se tiene casa. A grandes rasgos, me enseñó lo que él pensaba que era importante en cada momento, por lo que aprendí mucho sobre Egipto, sobre estadísticas de baloncesto y sobre sus músicos favoritos. Además, yo leía mucho (prácticamente todo lo que caía en mis manos, desde los libros de historia de mi padre hasta novelas de fantasía), porque pasaba casi todo el tiempo sentado en hoteles, aeropuertos y excavaciones, en países donde no conocía a nadie. Mi padre siempre me decía que dejara el libro y jugara un poco al baloncesto. ¿Alguna vez has intentado montar equipos para echar un partido en Asuán, Egipto? No es tarea fácil.
 
El caso es que mi padre me enseñó desde pequeño a tener todas mis posesiones en una sola maleta que pudiera llevar como equipaje de mano en los aviones. Él tenía sus cosas guardadas del mismo modo, solo que además llevaba una bolsa de trabajo con sus herramientas de arqueología. Regla número uno: yo tenía prohibido mirar en su bolsa de trabajo. Una regla que nunca violé hasta el día de la explosión.
 
 
Sucedió en Nochebuena. Estábamos en Londres porque nos tocaba visitar a mi hermana, Sadie.
 
Papá solo podía pasar con ella dos días al año, uno en invierno y otro en verano, porque resulta que nuestros abuelos le odian. Cuando murió nuestra madre, los padres de ella (nuestros abuelos) entablaron una intensa batalla contra él en los tribunales. Después de seis abogados, dos peleas a puñetazos y un ataque casi letal con una espátula —no preguntes—, mis abuelos se hicieron con la custodia de Sadie en Inglaterra. Ella tenía solo seis años, dos menos que yo, y los abuelos no podían mantenernos a los dos… o al menos esa fue la excusa que pusieron para no adoptarme a mí. Por tanto, Sadie creció como una alumna de escuela británica, y yo viajé por ahí con mi padre. Solo veíamos a Sadie dos veces al año, lo cual a mí me parecía bien.
 
[Cierra el pico, Sadie. Sí, sí, ya llego a esa parte.]
 
Bueno, total, que mi padre y yo acabábamos de aterrizar en Heathrow después de sufrir un par de retrasos. Era una tarde lluviosa y fría. Mi padre dio la sensación de estar un poco nervioso durante todo el trayecto en taxi hasta la ciudad, y eso que es un tío grandote y no parece que vaya a ponerse nervioso por nada. Tiene la piel del mismo tono marrón oscuro que yo, ojos castaños y penetrantes, se afeita la cabeza y lleva perilla, lo que le da aspecto de científico maligno aficionado. Aquella tarde llevaba puesto su abrigo de cachemira y su mejor traje marrón, el que utilizaba para dar sus conferencias. Por lo general, emana tanta confianza que domina cualquier habitación donde entre, pero en algunas ocasiones, como ese día, mostraba una faceta distinta que yo no comprendía del todo. Miraba una y otra vez por encima del hombro, como si nos ersiguiera
alguien.
 
—¿Papá? —dije mientras salíamos de la A-40—. ¿Qué pasa?
 
—Ni rastro de ellos —murmuró. Entonces debió de darse cuenta de que lo había dicho en voz alta, porque me miró como sorprendido—.  Nada, Carter. Todo va bien.
 
Lo cual no me tranquilizó para nada, porque mi padre miente fatal. Yo siempre lo notaba cuando me ocultaba algo, pero también sabía que no le sacaría la verdad por mucho que le diera la lata. Seguramente intentaba protegerme, aunque yo no habría sabido decir de qué. A veces me preguntaba si había algún secreto turbio en su pasado, si tal vez tenía algún viejo enemigo que le pisara los talones, pero la idea me parecía ridícula. Mi padre solo era un arqueólogo.
 
La otra cosa que me tenía en ascuas: mi padre estaba abrazado a su bolsa de trabajo. Cuando lo hace, suele significar que corremos peligro, como la vez en que unos pistoleros asaltaron nuestro hotel en El Cairo. Oí unos disparos en el vestíbulo y bajé corriendo para buscar a mi padre. Cuando llegué, él ya estaba cerrando la cremallera de su bolsa con toda la tranquilidad del mundo, y había tres pistoleros inconscientes colgando de la lámpara de araña, con las chilabas tapándoles las cabezas y los calzoncillos al aire. Papá aseguró a todo el mundo que no había visto nada de lo ocurrido, y al final la policía achacó el incidente a un fallo incomprensible en el mecanismo de la lámpara.
 
En otra ocasión nos sorprendieron unos disturbios que hubo en París. Mi padre se aproximó al coche aparcado que teníamos más cerca, me metió en el asiento trasero y me dijo que me escondiera. Yo me quedé tumbado en el suelo y cerré los ojos con fuerza. Oía a mi padre en el...

„Über diesen Titel“ kann sich auf eine andere Ausgabe dieses Titels beziehen.

Weitere beliebte Ausgaben desselben Titels