Verwandte Artikel zu Inquebrantable: Mi Historia, A Mi Manera (Atria Espanol)

Inquebrantable: Mi Historia, A Mi Manera (Atria Espanol) - Softcover

Rivera, Jenni

 
9781476745428: Inquebrantable: Mi Historia, A Mi Manera (Atria Espanol)

Inhaltsangabe

La historia detrás de Jenni Rivera: Mariposa del Barrio, la serie de Telemundo, ahora transmitiendo. La única autobiografía autorizada de Jenni Rivera.

"No puedo dejarme atrapar en lo negativo porque eso me destruye. Tal vez lo mejor que puedo hacer es tratar de alejarme de mis problemas y concentrarme en lo positivo. Soy una mujer como cualquier otra y me ocurren cosas feas como a cualquier otra mujer. El número de veces que me he caído es igual al número de veces que me he levantado."

Estas son las últimas palabras que la admirada cantante mexicanoamericana Jenni Rivera pronunció públicamente antes de subir al avión que al colapsar interrumpió su vida el 9 de diciembre de 2012. Sin embargo, esas no fueron las palabras finales que La Diva de la Banda tenía para el mundo. Esas se encuentran en las páginas que usted tiene en la mano, la propia narración de Jenni sobre las altas y bajas de su extraordinaria e inspiradora jornada.

Jenni se convirtió en la más aclamada cantante en español en Estados Unidos y vendió más de 15 millones de discos por todo el mundo. Era una madre soltera con cinco hijos y abuela de dos nietas, además de ser también actriz, productora de televisión, estrella de su propio programa de telerrealidad y empresaria.

En Inquebrantable, Jenni, con la honestidad que la caracterizaba, relata los momentos cruciales en su pasado y revela sus experiencias de violencia doméstica y abuso sexual, divorcio y problemas de imagen corporal, así como la manera en que logró avanzar en una industria dominada por hombres mientras criaba a sus hijos como madre soltera.

Aunque ya no está con nosotros, Jenni siempre será la "rebelde Rivera de Long Beach", la chica que mantuvo su sentido del humor y su espíritu luchador en toda circunstancia. En este extraordinario libro, Jenni deja detrás un legado de inspiración y determinación que vivirá para siempre a través de su preciada familia, sus amigos y sus admiradores. En ese sentido, Jenni Rivera es verdaderamente Inquebrantable.

Die Inhaltsangabe kann sich auf eine andere Ausgabe dieses Titels beziehen.

Über die Autorin bzw. den Autor

Winner of fifteen gold records, fifteen platinum records, and five double platinum records, with more than fifteen million records sold in all, Jenni Rivera (1969–2012) was one of her or any generation’s most popular and in-demand artists, not only in Mexico but also in the United States, selling out performances at such prestigious venues as the Staples Center, the Kodak Theatre, the Nokia Theatre, the Gibson Amphitheatre. In Mexico, she held a sellout performance at the Auditorio Nacional and performed a concert for 80,000 people in Querétaro. Jenni was also one of the decade’s most award-winning artists. In 2009, she earned a record-breaking eleven Billboard Award nominations, becoming the first female regional Mexican performer to be so honored. 

Auszug. © Genehmigter Nachdruck. Alle Rechte vorbehalten.

Inquebrantable 1 ¿No eres tú la vieja de El Cinco?
Ahora estoy, entre luces hermosas,

mas cuando estaba sola,

sé que Dios me cuidó.

—De «Mariposa de Barrio»

Domingo 26 de enero de 1997.

La noche comenzó en El Farallon, un club popular en Lynwood, una ciudad en el condado de Los Ángeles, California. El Farallon es donde uno va a pasar el rato con sus amigos y a perderse en la música, olvidándose de todo por unas pocas horas. Ahí fue donde conocí a Juan López, mi segundo marido, después de que nuestras miradas se cruzaron en la pista de baile. Lo más importante es que El Farallon era donde muchos cantantes del género regional mexicano iniciaron sus carreras. Y fue donde decidí grabar el primer video musical de mi canción «La chacalosa».

Mi padre tenía una relación de negocios con Emilio Franco, el dueño de El Farallon. Franco nos dio permiso de grabar el video en el club antes de que las puertas se abrieran a las 9:00 pm. Mi padre, conocido por muchos como Don Pedro Rivera, era uno de los productores más reconocidos de música regional mexicana. Siempre había sido mi más grande apoyo, especialmente en esos tiempos cuando yo estaba luchando para darme a conocer. Él tenía planes de comprar tiempo comercial en radio y televisión para este video y promover «La chacalosa».

En ese entonces todavía no ganaba mucho dinero con mi música. No querían tocar mis canciones en la radio porque me negaba a ser la típica cantante latina. Debería haber sido más joven, más delgada, más calladita, más tranquila, más tonta. En la comunidad latina, las cantantes femeninas tenían que ser hermosas y flacas, y su música sin sentido. Las cantantes latinas eran vistas, no escuchadas. Pero yo no era una belleza. Decían que era gorda y que no podía cantar. Cantaba corridos pesados, ¡con ovarios!, y creo que esto intimidaba a los hombres. No había ninguna otra mujer cantando corridos. ¡Era lo mismo a una mujer rapeando! Decían que las mujeres no éramos lo suficientemente fuertes o auténticas para cantar sobre el mundo peligroso de los narcotraficantes. La gente en la industria trató de hacerme cambiar. «Si quieres tener éxito en este género», me dijeron, «tienes que hacer esto y lo otro». Un montón de mujeres se dejaban coger para que su música fuera tocada en la radio. ¡A la chingada con eso! Yo no lo haría. Quería triunfar a base de mi talento o no triunfar en absoluto.

En el tiempo en que estuvimos grabando el video de «La Chacalosa», yo trabajaba como agente de bienes raíces para mantener a mis tres hijos y a mí. La música era algo secundario. Juan López, el hombre con el que más tarde me casé, estaba cumpliendo una pena de prisión de siete meses después de ser acusado de contrabando de inmigrantes. Lo iban a dejar libre en tres semanas. Ya que yo no quería ir sola, mi hermana Rosie y su amiga Gladyz me acompañaban cuando salía por la noche a algún concierto de música. Esa noche se sentaron en el club, que estaba casi vacío, viéndome hacer varias tomas de la canción. Pensé que íbamos a terminar a las nueve, pero acabamos de grabar hacia las nueve y media. Los clientes empezaban a llegar a la barra. Antes de irnos pasé al baño. En cuanto salí de ahí, un hombre me agarró del brazo derecho para que le prestara atención.

—¿No eres tú la vieja de El Cinco? —dijo. El Cinco era el apodo de Juan. Hacia hoy en día aún puedo recordar claramente haber mirado los ojos verdes de ese güey mientras me jaloneaba del brazo. Me estaba haciendo encabronar y lo sabía.

—¡Déjame en paz, cabrón! —le dije mientras me alejaba, preguntándome cómo era que él conocía a Juan y por qué le importaba si yo era su mujer.

Recogí mis cosas y salí del club con Rosie y Gladyz. Tenía un poco de prisa ya que ellas estaban en la prepa y era entre semana. Quería llevarlas a casa lo más pronto posible para evitar problemas y para que siguieran dejándolas salir conmigo. Yo tenía pocos amigos, sobre todo porque Juan los asustaba con su pinche mal humor y sus majaderías. Ahora que estaba en la cárcel, yo andaba sola. Pasar el rato con las muchachas era divertido y me ayudaba a distraerme hasta que lo dejaron salir del bote.

Primero dejé a Gladyz en su casa en la avenida Walnut en la ciudad de North Long Beach y luego dejé a Rosie en casa de nuestros padres en Ellis Street, a pocas cuadras de distancia. Eran las 10:30 pm, así que nos salvamos del regaño. Una vez que me aseguré de que Rosie hubiera entrado, le subí el volumen a la música y me dirigí a casa. Yo vivía en la hermosa —y adornada de pandillas—ciudad de Compton. Como trabajaba de agente de bienes raíces, había invertido en una casa allí y decidí vivir en ella por un tiempo. No era el mejor barrio, pero yo estaba feliz de tener mi propio hogar. Ya me andaba por llegar a mi cama esa noche. Estaba cantando con mi cassette favorito, 15 Éxitos de Marisela, mientras conducía por la autopista 91 oeste.

Cuando volteé a la derecha en la avenida Central, el carro detrás de mí me echó las luces. Mientras más se acercaba yo reducía la velocidad para ver si sabía quién era. No reconocía el pequeño carro deportivo de color blanco y no lograba ver quién manejaba. El conductor encendió sus luces otra vez. ¿Qué chingados? ¿Acaso estaba manejando demasiado lento? ¿O se me había olvidado poner la pinche señal? De repente, el carro aceleró al lado de mi Ford Explorer verde, con la clara intención de sacarme de la carretera. Fue entonces cuando me di cuenta de que no sólo una, sino tres personas estaban en el carro, y empecé a asustarme. Aceleré, con la esperanza de que sólo me estuvieran vacilando. No lo estaban, manejaban detrás de mí y luego aceleraban y trataban de sacarme del carril para que me estrellara contra los carros estacionados en la avenida Central. «¡Chingado! ¿Qué voy a hacer ahora?», me dije.

Me acercaba a mi casa en la avenida Keene y no quería que ellos supieran dónde vivía. Ya que Juan estaba preso, yo estaba sola con mis tres niños. Nuestra casa había sido robada apenas dos meses antes y se habían llevado todo. Así fue como los vecinos se dieron cuenta de que mi pinche hombre estaba en la cárcel y no estaba ahí para protegernos. Todo esto pasaba por mi mente mientras daba vueltas a la cuadra, rogando que esos güeyes desaparecieran mágicamente. Todo mi cuerpo estaba temblando. Por último, me detuve cerca de mi casa, aunque no frente a ella. «A lo mejor ya se largan», me decía a mí misma. ¡Qué mensa!

El carro se detuvo detrás de mí y pude ver que los hombres estaban listos para salir. No supe qué hacer y el miedo se apoderó de mí. Decidí que iba a huir. Me echaría a correr lo más rápido que pudiera, así como mis hermanos me enseñaron cuando éramos niños y jugábamos al beisbol.

Abrí la puerta del carro y me eché a correr con mis zapatos de tacón alto, gritando a todo pulmón. No miré hacia atrás. Podía oír sus botas...

„Über diesen Titel“ kann sich auf eine andere Ausgabe dieses Titels beziehen.