Verwandte Artikel zu 634 Maneras de matar a Fidel: Planes de la CIA y la...

634 Maneras de matar a Fidel: Planes de la CIA y la Mafia para asesinar a Fidel Castro - Softcover

Escalante, Fabian

 
9781925756340: 634 Maneras de matar a Fidel: Planes de la CIA y la Mafia para asesinar a Fidel Castro

Inhaltsangabe

Expansivo recuento de los diversos, creativos, frecuentemente extraños y sin embargo increíblemente inquietantes intentos de asesinar a Fidel Castro.

Fabián Escalante, el fundador de los servicios de seguridad cubanos y jefe del Departamento de Seguridad del Estado Cubano provee un lúcido recuento en primera persona de sus experiencias defendiendo a Castro contra extraordinarios intentos de homicidio. Escrito en el estilo de una novela de suspenso político, pero lleno de detalles históricos sobre Fidel, Cuba, el movimiento comunista y los intentos de Estados Unidos de silenciar la rebelión, este libro clarifica los peligros inherentes que conlleva luchar por un mundo mejor.
634 maneras de matar a Fidel ilumina la amenaza que Castro y el movimiento revolucionario cubano presentaban para la hegemonía estadounidense. El resultado es un inquietante retrato de cómo los impuestos de ciudadanos estadounidenses financian campañas para reprimir el disentimiento e intentar quebrar movimientos en el Sur Global que luchan por la soberanía, la justicia, la autodeterminación y, básicamente, un mundo mejor.

"Planes de asesinato concebidos contra Fidel Castro a lo largo de muchos años involucraron armas tales como venenos letales, potentes explosivos plásticos, cigarros conteniendo sustancias peligrosas, granadas a lanzar en espacios públicos, armas con telescopios sofisticados, jeringas llenas de veneno con agujas tan finas que el contacto con la piel pasaría desapercibido, lanzadores de misiles y bazucas, y cargas explosivas escondidas en caños bajo tierra con un temporizador contando los minutos y segundos hasta la explosión."

Die Inhaltsangabe kann sich auf eine andere Ausgabe dieses Titels beziehen.

Über die Autorin bzw. den Autor

Fabián Escalante Font (La Habana, 1940) fue fundador de los servicios de seguridad cubanos y ocupó varios puestos de liderazgo a lo largo de sus 36 años de servicio incluyendo, jefe del Departamento de Seguridad del Estado Cubano, director del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado y director de la investigación cubana del asesinato de JFK que luego convirtió en un libro.

Auszug. © Genehmigter Nachdruck. Alle Rechte vorbehalten.

Preámbulo de una obsesión

Consultó su reloj una vez más. Desde hacía varios minutos aguardaba oculto en el oscuro portal de una casa deshabitada, frente al pequeño aeropuerto de Fort Lauderdale, Florida. Su mirada estaba fija en unas luces que brillaban en el local que ocupaba la administración de la instalación aérea. A sus pies, una lata, que contenía gasolina, reposaba en espera de ser utilizada. De repente las luces se apagaron y el celador del lugar salió rumbo a una cafetería cercana.

El vigilante se movió suavemente, tomó la lata de combustible, cruzó la calle y penetró en el aeropuerto con pasos ágiles y seguros. Una vez allí, se dirigió hacia una zona de aparcamiento donde se encontraban tres aviones del tipo P-51.1 Abrió el recipiente y con diligencia, fue regando su contenido alrededor de los aparatos, hasta vaciarlo. Luego, tomó una distancia prudente y lanzó una mecha encendida en dirección a los aviones, los que se incendiaron rápidamente. Un fuego voraz iluminó la noche, mientras el hombre escapaba en un auto que lo aguardaba con el motor encendido.

Al alejarse, las sirenas de una estación de bomberos cercana comenzaron a ulular. Alan Robert Nye había sido reclutado desde hacía varios meses por el Buró Federal de Investigaciones (FBI) para penetrar a los grupos de cubanos emigrados que conspiraban contra la dictadura de Fulgencio Batista. El piloto de la Armada había sido aparentemente expulsado de ese cuerpo, después de que el jefe de su base recibiera una denuncia anónima, donde lo acusaban de conspirar con los exiliados cubanos para lanzar ataques aéreos contra objetivos militares en Cuba.

En realidad se trató de un plan cuidadoso del FBI para brindarle una sólida carta de presentación ante los emigrados cubanos que combatían a la dictadura batistiana. Sin embargo, lejos de lo proyectado, los cubanos se entusiasmaron con el proyecto para «bombardear objetivos militares en la Isla», y adquirieron varios aviones de hélice para llevar a cabo la misión. Nye se encontró en un callejón sin salida porque si no atacaba los objetivos sugeridos, los exiliados sospecharían de él; por esa razón, el FBI le orientó la destrucción de los aviones e inculpar a unos supuestos agentes de Batista del sabotaje realizado.

Después de aquella acción, el FBI lo presentó al comandante Efraín Hernández, cónsul del gobierno cubano en Miami y agente de la dictadura encargado de la vigilancia de los exiliados en la Florida, para un nuevo proyecto que estaba en curso. En pocas palabras, el militar explicó que el FBI lo había cedido para una misión importante en Cuba. Los detalles serían dados posteriormente, pero le aseguró que había una suma de dinero importante como pago a los servicios prestados y que altos cargos en la Administración norteamericana estaban al tanto de los planes.

Nye solo conocía de Cuba que era un paraíso del turismo, el juego y la prostitución, por lo que asumió la tarea como unas vacaciones en el Caribe. El 12 de noviembre de 1958 arribó a la terminal aérea de La Habana, donde lo aguardaba un auto de color negro al pie de la escalerilla del avión. El vehículo lo condujo velozmente al hotel Comodoro, situado a orillas del mar, en un apacible barrio capitalino.

Allí lo esperaban impacientes, los coroneles Carlos Tabernilla y Orlando Piedra; el primero, jefe de la Fuerza Aérea; y el otro, jefe de la Policía Secreta. Después de las presentaciones habituales, se dirigieron al bar del hotel donde conversaron en una mesa apartada. Tabernilla le explicó a Nye en qué consistía el proyecto para el que era requerido. Se trataba de asesinar a Fidel Castro, el líder rebelde que en las montañas del oriente del país hacía tambalear al gobierno dictatorial. Era un asunto de Estado que, por las características del plan, necesitaba un ejecutor norteamericano.

La idea parecía simple. Nye debía infiltrarse en las filas rebeldes, precisamente en la zona donde accionaba Castro. Una vez con él, le explicaría sus antecedentes «revolucionarios» y el antiguo proyecto de bombardear los aeropuertos militares desde la Florida. Seguramente Castro —pensaban los coroneles— sería seducido por la personalidad del sujeto. Contaban con dos razones poderosas: una, Nye era un norteamericano, un yanqui que representaba al país más poderoso de la Tierra; la segunda, se apoyaba en la necesidad de los rebeldes de frenar por medios aéreos la aviación batistiana que constantemente bombardeaba a la población civil, causándole estragos importantes. Nye era piloto y además tenía una impresionante carta de presentación del exilio, por tanto, podía ser la persona adecuada para que pilotara algún pequeño avión en posesión de los rebeldes, que en todo caso bombardeara también las posiciones militares de Batista.

Tabernilla y Piedra explicaron a Nye que estaría protegido por un comando del Ejército; lo más importante: le serían situados en su cuenta bancaria 50.000 dólares, una vez eliminado Fidel Castro.

Esa misma tarde, los tres hombres se dirigieron al campamento militar de Columbia —cuartel general del ejército nacional— para coordinar el proyecto con el coronel Manuel García Cáceres, jefe de la plaza militar de la ciudad de Holguín, capital de la región norte del oriente del país. En poco tiempo se pusieron de acuerdo Nye y García Cáceres, para que el primero marchara varios días más tarde al puesto de mando del coronel y desde allí iniciar el operativo. A pesar de lo escaso del tiempo, Nye tuvo oportunidad de visitar los principales centros nocturnos de la capital cubana y comprendió entonces por qué sus paisanos estaban interesados en preservar al gobierno de Batista, el hombre que les garantizaba aquel paraíso del juego, las inversiones seguras y la diversión.

El 20 de diciembre, Alan Robert Nye se encontraba en la ciudad de Holguín y junto al coronel García Cáceres repasaba los aspectos principales del proyecto homicida. Cuatro días más tarde se infiltraba, en compañía de una escuadra de soldados, en las inmediaciones del poblado de Santa Rita, zona de acciones de los rebeldes de Fidel Castro. Esa noche, ocultaron las armas —un fusil Remington .30-06 con mira telescópica y un revólver calibre .38— en un lugar seleccionado previamente, y Nye despidió a los militares.

Al día siguiente continuó solo. A las pocas horas era capturado por una patrulla rebelde a la cual le contaría sus «deseos» de unirse a los combatientes revolucionarios y conocer al líder Fidel Castro. Sin embargo, algo salió mal desde el principio. El joven oficial que comandaba la tropa no pareció prestarle mucha atención, lo confinó a un campamento donde descansaban los heridos, explicándole que, en el momento oportuno, su caso sería atendido.

Aquello no le preocupó mucho. Al contrario, así se familiarizaría con el territorio. Nadie le había exigido un plazo corto para concluir el proyecto. Imaginaba que tan pronto Castro, que accionaba en esa zona, conociera su presencia, enviaría por él y la oportunidad se presentaría. Solo tendría que esperar que la noche cayera para dirigirse a su escondite, sacar las armas y...

„Über diesen Titel“ kann sich auf eine andere Ausgabe dieses Titels beziehen.