En los ojos de mi madre - Softcover

Carpena, Rafael Prieto

 
9798332847394: En los ojos de mi madre

Inhaltsangabe

"Cuando criticas a tu hijo, él no deja de quererte. Deja de quererse a sí mismo".

"...es justo destacar la que quizás fue la mayor virtud de mi madre: a pesar de hablar y hablar, jamás habló mal de nadie. Nunca se juntaba con la gente para chismorrear y jamás le importó la vida de los demás. Ella hablaba por hablar, por la pasión de contar cosas sencillas como la comida del día o la telenovela de la tarde, siempre añadiendo detalles innecesarios que alargaban la historia. Nunca supo, ni quiso aprender, las ventajas de la concreción. No resumió nunca nada en pocas palabras. Si podía alargar las historias, ellas las alargaba hasta que nosotros le decíamos que ya, que por favor fuera al grano y se dejara de detalles absurdos que nada aportaban a la historia".

"Cuando yo nací mi padre acababa de cumplir treinta y nueve años. Para su generación fue un padre tardío. Tener hijos rozando los cuarenta era una anomalía en aquella época, es algo que noté enseguida cuando empecé a ir al colegio y veía las caras de los padres de mis compañeros. A esas edades uno no echa cuentas, pero yo notaba claramente que los padres de los demás eran jóvenes, seguramente menos de treinta años".

"No he visto fotos de su niñez, no sé cómo era mi padre de niño. Por no saber, no sé ni la fecha exacta en la que nació. Su madre tampoco lo tenía claro, solo sabíamos que era marzo de 1937, pero tanto podía ser el día 20 como el 27. Él, según le apeteciera ser piscis o aries, elegía un día u otro".

"Si una persona es cobarde en la calle, se achica antes las injusticias, pero en casa se agranda y saca su lado necio, entonces esa persona es una persona mediocre".

"Era un señor muy especial mi padre. Cuando se casó con mi madre trajo sus cubiertos de casa (cuchara, cuchillo y tenedor), que a saber de qué siglo eran, y durante toda su vida fueron los únicos cubiertos que usó en casa. Todo lo demás le daba asco, y por supuesto no comía en casa ajena por pura delicadeza de espíritu y estómago, aunque es algo que jamás reconoció".

"Otro día el director del banco, colega de mi padre, le dijo en tono jocoso que no trabajara tanto, que cualquier día su mujer se iba con otro y él se iba a sentir como un imbécil. Un comentario típico entre colegas, pero que no se le podía hacer a mi padre. Ese día llegó a casa pidiendo explicaciones a mi madre, sin que la pobre supiera de qué hablaba. Al día siguiente, y sin que mi padre se enterara, mi madre llamó al banco, pidió hablar con el director y le suplicó que no volviera a gastar esas bromas porque las consecuencias podían ser nefastas".

"Jaime es, de lejos, la persona que más me impresionó en mi infancia. Recordaré siempre con cariño las veces que me llamaba a casa, yo cogía el teléfono y me decía que llegaría en quince minutos. No eran catorce ni dieciséis, hasta el tiempo lo clavaba Jaime. Nos veíamos mucho, pero por teléfono hablábamos poco. El aparato, anclado mediante un cable a la pared, nos hacía libres. Hoy no hay cables en los teléfonos, somos las personas las que estamos atadas".

"Siempre quise escribir un libro que pudiera leer mi madre, y finalmente aquí está. Es mi infancia, o lo que recuerdo de ella, pero también podría ser la tuya y la de cualquiera que haya vivido en la España de los ochenta. Este es mi pequeño proyecto. Los proyectos son lo que nos separa de la muerte".

En una mezcla de ternura y humor, el autor hace un repaso por los momentos más significativos de sus primeros años en el sur de Alicante, a orillas del Mediterráneo: la estrecha unión con su madre, la tensa relación con su padre; los días con sus abuelos, su hermana y sus variopintos amigos. Un compendio de situaciones y momentos que sembraron una vida. Una bonita historia salpicada de color, de cambios y de anécdotas que nos guiñan el ojo, nos arrugan el alma y nos sacan una sonrisa.

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