ACABAR CON EL MITO DEL SIDA
MORITZ, ANDREAS
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Reconsiderar el sida
Los primeros casos de sida se diagnosticaron en 1980,pero a pesar de los descomunales esfuerzos de científicosy políticos, el sida sigue siendo una enfermedad misteriosa.Se cree que su causa es el VIH, virus de inmunodeficienciahumana, pero los científicos aún no hanencontrado un antídoto para esta enfermedad. Hasta eldía de hoy no existe una explicación médica convincentede cómo el patógeno VIH causa el sida. La teoría actualsobre esta dolencia no alcanza a determinar el tipo desida que una persona infectada puede desarrollar y noexiste un método preciso que establezca cuánto tiempotardará en aparecer la enfermedad. La teoría del VIH/sida no aporta ninguna información que permita identificarrealmente qué personas corren el riesgo de desarrollarla dolencia.
En cuanto al «tratamiento» del sida, hasta hace muypoco, los pacientes podían escoger entre unos cuantosmedicamentos que originariamente se habían creado parala quimioterapia contra el cáncer, pero tenían que enfrentarsea ciertos efectos secundarios, como anemia,pérdida del cabello, degeneración muscular, náuseas yotros efectos inmunosupresores. En un primer momentoparecía que un nuevo cóctel formado por tres medicamentos–inhibidores de la proteasa–, menos tóxicos quelos utilizados originalmente, sería capaz de acabar con elVIH. Sin embargo, el índice de fracaso de los nuevos fármacosha alcanzado el 50 % y sigue aumentando, pues lasdiferentes cepas del VIH desarrollan resistencia a ellos.En la actualidad, ya hay entre un 20 y un 30 % de pacientesinfectados con virus resistentes a los inhibidores de laproteasa y la situación empeora cada día. Si bien los fármacoshan proporcionado a muchos pacientes de sidauna «nueva esperanza de vida» (no necesariamente porquelos medicamentos acaben con el VIH, sino porqueademás atenúan la mayor parte de los demás agentes patógenos,al menos durante un tiempo), la euforia inicialsobre el tratamiento del sida se ha ido atenuando, así comola esperanza de conseguir su curación, al menos en elámbito de la medicina.
El hecho de que no exista un período de latencia fiable–el tiempo que transcurre desde que una persona seinfecta del VIH hasta que desarrolla los síntomas del sida– impideprácticamente predecir el inicio de la enfermedad.A las primeras víctimas se les dijo que podían moriral cabo de un año de infectarse, pero en la actualidadese período de gracia se alarga hasta 12 o 15 años, lo cualpone en duda el tratamiento inmediato tras la infeccióndel VIH. La mayoría de las personas infectadas por el VIHsiguen sin sufrir sida y tan sólo un pequeño porcentaje deellas desarrollan los síntomas típicos, como neumonía,leucemia o demencia.
Para complicar aún más las cosas, las autoridades sanitariasson incapaces de pronosticar cuántas personas resultaránafectadas por el sida en el futuro, pues sólo unreducido porcentaje del millón de norteamericanos infectadospor el VIH, por ejemplo, desarrollarán la enfermedad.Durante la primera veintena de años de existenciade la epidemia, el 95 % de los casos de sida tenía lugaren los principales grupos de riesgo: homosexuales muypromiscuos, heroinómanos y (en algunos pocos casos)hemofílicos, pero desde entonces ha aumentado sin cesarel número de hombres y mujeres heterosexuales que handado positivo en la prueba del VIH.
Según cálculos oficiales, dos tercios de las personas infectadaspor el virus se encuentran en África, donde surgióla epidemia en el transcurso de la década de 1990, yun tercio en Asia, donde la epidemia se ha extendido rápidamenteen los últimos años. A finales de 2003, alrededorde unos 34,6 a 42,3 millones de personas de todo elmundo estaban infectadas con el virus, y más de 20 millonesya habían muerto de sida. Sólo en ese año, alrededorde 4,8 millones de personas se infectaron con el VIH yunos 2,9 millones murieron de sida. Sin embargo, tal comoveremos más adelante, esas cifras son en buena medidaerróneas y han sido manipuladas.
Cuatro años antes, en 1999, las estadísticas mostrabanunas cifras que de ningún modo respaldan las actuales.Según la tasa de mortalidad oficial –entre un 50 y un100 % de las personas infectadas del VIH–, deberían haberseregistrado muchas más muertes en África, donde elnúmero de infectados en ese período se estimaba en nadamenos que de 6 a 8 millones de personas; y también enHaití, donde más del 6 % de la población había dado positivoen la prueba del virus. Sin embargo, en la década de1990, en el continente africano se produjeron tan sólo250.000 casos de sida, y en Haití prácticamente ninguno.Ello nos lleva a una pregunta simple, pero sumamenteimportante y casi olvidada en relación con el sida: «¿cuáles la causa?».
Hasta ahora no hay pruebas científicas que demuestrenque el sida sea una enfermedad contagiosa, aunquela mayoría de las personas así lo crean. Lo que sí se sabesegún las últimas investigaciones publicadas es que elVIH se contagia heterosexualmente en casos extremadamenteraros y que, por consiguiente, puede que no searesponsable de una epidemia que afecta a millones devíctimas de sida en todo el mundo. Tampoco hay pruebasde que el VIH sea el causante del sida. Por otra parte, esun hecho demostrado que el retrovirus VIH, constituidopor fragmentos de genes humanos, es incapaz de destruircélulas humanas, si bien la destrucción celular es una delas características principales de todas las manifestacionesdel sida. Incluso el principal descubridor del VIH, LucMontagnier, ya no cree que el VIH sea el único responsabledel sida, y, de hecho, ha demostrado que el VIH por sísólo no puede provocar el sida. Cada vez hay...
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