CHAPTER 1
ACTO PRIMERO
Estancia preferida de doña Clarines en el piso principal de su casa de Guadalema, ciudad castellana. A la derecha del actor, en primer término, la puerta de las habitaciones de la señora. Inmediata a esa puerta, de frente al público, vetusta galería de cristales, con zócalo de madera tallada que da al jardín, y la cual, avanzando hasta el medio de la escena, cierra en ángulo recto con la pared del foro. — Una puerta a la izquierda del actor y al foro otra. Lo mismo éstas dos que la de las habitaciones de doña Clarines son de cristales y tienen mediopuntos. — En el suelo, que es de losas encarnadas, y en primer término de la izquierda, una mirilla de madera para ver desde arriba la gente que llega al portal, y cerca de ella, también en el suelo, una argolla atada al extremo del cordel que sirve para abrir el portón sin tener que bajar escaleras. — Muebles antiguos, pero ricos y bien cuidados. Algunos retratos al óleo, de familia, decoran las paredes. Es de noche. Una lámpara que fué primero de petróleo, luego de gas y ahora es de luz eléctrica, alumbra la estancia. La luz de la Luna platea las copas de los árboles del jardín, que asoman tras los cristales de la galería.
La escena está Sola. Dentro, lejos, en el piso bajo, óyese ladrar a Leal, el perro de doña Clarines, anunciando que alguien llega a la puerta. Por la del foro aparece Tata, vieja desdentada y ruinosa, pero activa y despierta, pies y manos de doña Clarines y su admiradora incondicional.
Tata ¡Calla, Leal, calla! Con este perro no hemos menester campanilla. ¡Calla ya, escandaloso! Calla el perro. Tata se asoma a la mirilla. ¿Quién es? ¡Ah! Don Basilio con el amigote que esperábamos. Haga el Señor que no tengamos toros y cañas con el tal amigote. Tira del cordel para abrir.
Sale Escopeta por la puerta de la derecha. Escopeta es un mozo andaluz, criado reciente de la casa. En la mano trae una botella de la botica, llena de agua al parecer.
Escopeta Pos, señó, güeno está. Oiga usté, Tata.
Tata ¿Qué hay con Tata?
Escopeta Las señoras de Guadalema, ¿son todas como doña Clarines?
Tata ¡Qué disparate! Lo que quisieran las señoras de Guadalema era saberla descalzar. ¡Aaaaah! ¡Doña Clarines! Doña Clarines no hay más que una ...
Escopeta Más vale. Porque si no, era cosa de pitá otra vez pa mi tierra y dejá a Guadalema y a toa Castiya na más que pa vení cuando hubiera festejos.
Tata ¿Pues?
Escopeta ¿Er criao que estuvo en la casa antes que yo, duró mucho ar servisio de la señora?
Tata Seis días escasamente. Era muy casquivano y muy gandul.
Escopeta ¿Y er de antes?
Tata El de antes no duró sino tres. Aquel era muy poquita cosa. Se asustaba de todo.
Escopeta ¡Es que se asusta er Sí Campeadó! ¿Usté sabe los mandaos que esta señora quié que uno le yeve a to er mundo?
Tata ¿No he de saberlo? ¡Aaaaah! Y que o se dicen las razones como ella las da, ce por be, o por la puerta se va a la calle. ¡Es mucha señora!
Escopeta ¿Pos sabe usté lo que se me ocurre? Que en lugá de un criao debía tené un piquete de infantería.
Tata Poco murmurar, ¿eh?
Escopeta No es murmurá, señora; es que ahora me ha mandao que me yegue a la botica con esta boteyita que traje pa la señorita Marsela, y que le diga ar boticario: «De parte de doña Clarines, que no es esto lo que eya ha pedío; que agua der poso ya tiene eya bastante en su casa, y que se vaya usté a robá a Despeñaperros.»
Tata Riéndose. ¡Aaaaah! Oyéndola estoy.
Escopeta ¡Y yo estoy oyendo ar boticario!
Tata Pues así lo ha de decir usted si no quiere perder la casa.
Escopeta ¿No le daría iguá por escrito?
Tata Ande, ande a su obligación y déjese de más discursos.
Escopeta ¿Qué se le va a hasé? Vamos a que me tire un mortero er tío ese. Peó fuera no verlo. Se marcha por la puerta del foro hacia la izquierda, canturreando y contoneándose.
Tata ¡Ay! Muy zaragatero eres tú para hacer los huesos duros en esta casa.
Por la misma puerta que se ha ido Escopeta, salen Don Basilio y Luján. Don Basilio, hermano de doña Clarines, es un señor de ojos vivos y cabeza inquieta, señal de poco peso. Viste con desaliño. Luján, antiguo amigo suyo, es hombre de pesquis, un tanto socarrón y de espíritu reposado y tranquilo. Viene en traza de haber caminado a caballo unas leguas. La edad de uno y otro anda alrededor del medio siglo.
Don Basilio Pasa, Isidoro.
Luján Buenas noches.
Tata Buenas las tenga usted, señor mío.
Don Basilio ¿Y mi hermana, Tata?
Tata También son ganas de preguntar lo que sabe usted de memoria: en sus habitaciones.
Don Basilio A Luján. ¿Quieres verla?
Luján Si no ha de servirle de molestia, con mucho gusto. Mirando un cuadro. ¿Este retrato es de tu padre?
Don Basilio Sí; ése es papá. Papá recién casado. Como yo lo conocí mucho después, no puedo apreciar si se parece. ¡Je! A Tata, mientras Luján ve los otros cuadros y observa el jardín. Bueno, tú, llégate y dile a doña Clarines que aquí está ya mi amigo el señor Luján, que desea saludarla.
Tata Bajo a don Basilio. ¡Va a Soltar una descarga de fusilería!
Don Basilio Lo mismo, a Tata. ¡Ya lo sé! Pero si no es ahora será luego más tarde!
Tata Ah, bien, bien. Por mí no ha de quedar. — Con permiso, buen caballero. Vase por la puerta de la derecha.
Luján ¿Quién es esta vieja escamona?
Don Basilio ¡Tata! La tradición, como quien dice. Nos ha visto nacer a todos. Ya la infeliz no es más que una de tantas ruinas en este viejo caserón de los Olivenzas. ¡Pobre caserón! Por mucho que lo cuido, y lo revoco, y lo aderezo, se viene abajo, como la familia.
Luján ¡Pues tú no te conservas mal!
Don Basilio ¿Y me lo dices tú, que estás hecho un pollo?
Luján Sí lo estoy, sí. Para la edad que tengo ... Pero eso no quita ... Desde que reSolví que nada me importase nada, en vista de que lo contrario me afectaba al hígado, marcho como unas perlas.
Don Basilio Es verdad. Quince años hacía que no te echaba la vista encima y, lo que es en lo exterior, apenas si han dejado huellas.
Luján Me las arranca mi mujer.
Don Basilio ¡Ah, carape! Secretos del hogar.
Luján Sí. Tú, en cambio, te las tiñes. Ya lo he visto.
Don Basilio Secretos...